Atendiendo tu tiroides: dignóstico y tratamiento

La tiroides es una glándula en forma de mariposa ubicada en el cuello, justo arriba de la clavícula. Es una de las glándulas endocrinas que producen hormonas. Las hormonas tiroideas controlan el ritmo de muchas actividades del cuerpo.

Las tiroides tienen la función de producir y liberar las hormonas tiroideas, T4 o tiroxina y T3 o triyodetironina que están involucradas en el crecimiento, en el mantenimiento de la mayor parte de las funciones corporales y en la regulación del metabolismo.

El nódulo de tiroides consiste en un aumento de volumen localizado en una porción del tiroides. Clínicamente puede ser único o múltiple, localizarse en cualquier sitio del tiroides que puede funcionar normal, poco o con hiperfunción.

Con frecuencia el paciente o algún familiar notan el abultamiento en el cuello, o aparece de forma incidental a partir de un estudio radiológico cervical que fue indicado para chequeo médico o para el estudio de otra enfermedad.

En el 90% de los casos son nódulos benignos y no afectan la función de la glándula tiroides. Se observa con mayor frecuencia en las mujeres y en pacientes ancianos. Esta condición también puede aparecer en enfermedades crónicas de la glándula, como son las tiroiditis.

En la consulta serán importantes algunos datos que ayudarán al médico para llegar al diagnóstico de la causa probable:

  • Antecedentes de enfermedad tiroidea, personal o en la familia (tiroiditis, hipertiroidismo, hipotiroidismo, cáncer de tiroides).
  • Antecedentes de cirugía tiroidea o de radioterapia en el cuello.
  • Presencia de dolor en la región anterior del cuello, falta de aire, dificultad al tragar o ronquera.
  • Modificaciones de la frecuencia cardíaca, en el hábito intestinal, en el peso corporal, en la piel, en los ojos, en el sueño.
  • Si se siente alterado, nervioso, tembloroso o por el contrario lento, con dificultades para concentrarse, lentitud en la memoria o en el lenguaje; indica una alteración de la función de la glándula tiroides.

Con el examen del cuello se buscará el o los nódulos. La confirmación llega con el ultrasonido, donde se precisan sus características, fundamentalmente si los nódulos son mayores de 1 cm. El ultrasonido determina si es necesario realizar otro tipo de examen, como por ejemplo la citología con aguja fina u otro estudio para definir la causa.

El médico en la consulta, estará atento a algunas características que pueden ser de alerta o sospecha de cáncer de tiroides:

  • Menor de 20 años y mayor de 60 años
  • Sexo masculino
  • Antecedentes familiares de cáncer de tiroides o de radioterapia en el cuello en la infancia y adolescencia.
  • Nódulo duro como piedra que no se moviliza con facilidad al examinar el cuello.
  • Presencia de falta de aire, dificultad al tragar o ronquera.
  • Crecimiento rápido
  • Presencia de adenopatías en el cuello entre 1 y 2 cm, firmes e indoloras.

Los tratamientos más empleados, dependiendo de la causa son: la observación evolutiva sin intervención, los medicamentos (compuestos de hormonas tiroideas), el yodo o la cirugía. Cada uno de ellos tienen indicaciones precisas.

Lo más importante es acudir a su médico de familia, si siente alguno de los signos de alerta mencionados con anterioridad, para que le indique la conducta a seguir de forma individualizada.

Siempre su médico le orientará y le guiará sobre las pruebas diagnósticas y el tratamiento más adecuado, no se auto-medique y siga las instrucciones médicas. Cuando la situación sea de mayor complejidad, su médico de asistencia lo remitirá al endocrinólogo de su área de residencia para su posterior valoración.

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