¿Cómo prevenir enfermedades infecciosas en los infantes?

La prevención de las enfermedades infecciosas en la infancia comienza desde una etapa inicial de la vida, que ha sido identificada como determinante para el futuro de los infantes.

Este período llamado “los primeros mil días de la vida”, se considera una ventana de oportunidades para el buen desarrollo del niño hasta la etapa adulta. Esta etapa ha sido comparada con los cimientos de una casa que se construye de forma segura.

Las enfermedades infecciosas son procesos causados por agentes tales como: virus, bacterias, hongos, parásitos y otros. Las más frecuentes se localizan en el  aparato respiratorio y el sistema digestivo. También pueden ser afectados la piel y sus tejidos vecinos, el sistema nervioso, el corazón, los huesos, las articulaciones y otros órganos.

La mayoría de los procesos infecciosos en los niños ocurren en las edades tempranas de la vida, período en que el desarrollo de los sistemas de defensa de su organismo es aún insuficiente.

Se recomienda a las familias priorizar el cuidado de los más pequeños, en particular de los recién nacidos, los menores de un año y, en general, los menores de seis años puesto que, a partir de esa edad son menos vulnerables a las infecciones. Esto no excluye la vigilancia que debe mantenerse con el niño  escolar  o los adolescentes que, con menos frecuencia, también son afectados por enfermedades infecciosas.

Los resultados de las investigaciones científicas nacionales e internacionales confirman que el tratamiento más efectivo de las enfermedades infecciosas es la prevención.

Para prevenir las infecciones en los niños pequeños, la mejor conducta que puede asumir la familia, es facilitar las condiciones favorables para la garantía de que los bebés se alimenten con leche materna, de forma exclusiva, durante los primeros seis primeros meses de la vida. Posteriormente y hasta los dos años de edad, su crecimiento debe estar acompañado de los alimentos indicados por el médico.

Este proceder le brinda al infante una defensa natural contra las infecciones, ya que le suministra los anticuerposque la madre ha fabricado durante su vida y que posee de forma natural.

La lactancia materna resulta insustituible desde el punto de vista inmunológico. Además, favorece la relación con la madre desde ese período temprano de la vida, pues se ha comprobado que contribuye a desarrollar la inteligencia futura de los individuos.

Foto: Periódico La Demajagua

Las madres deben prepararse para lograr una lactancia materna efectiva o correcta, y no debe esperarse al nacimiento del niño. Durante la atención  prenatal  la embarazada, el padre y la familia, deben consolidar la conducta que favorezca la lactancia materna como pilar fundamental del cuidado de la salud del bebé que está por nacer.

Entre las medidas de prevención está la higiene del infante, que resulta fundamental para garantizar el cuidado y la salud de los pequeños. La higiene incluye el lavado cuidadoso y frecuente con agua y jabón de las manos de las personas que lo cuidan. Se dice que los diez enemigos del niño para adquirir enfermedades son los diez dedos de las manos de quien lo manipula, de aquí la importancia del lavado frecuente de las manos durante su cuidado.

Resulta fundamental el aseo apropiado de su cuerpo con el baño diario, la de sus ropas con lavado frecuente y enjuague abundante, así como la limpieza de la habitación, la vivienda y la comunidad. También es necesario eliminar la presencia de animales en el entorno donde se encuentran los niños.

El agua que se brinda a los infantes para beber deberá ser hervida y los alimentos deben ser cuidadosamente  lavados, elaborados y protegidos de los insectos.

La práctica de dar besos en la boca, la cara y manos a los bebés, puede ponerlo en contacto con gérmenes causantes de infecciones por lo que resulta una conducta de riesgo.  

En Cuba se desarrolla, hace varias décadas, un programa de inmunización que incluye 11 vacunas que protegen  contra más de trece enfermedades infecciosas. Resulta importante que la familia conozca la frecuencia con que el niño debe acudir al vacunatorio, para recibir la dosis de la vacuna que le corresponda.

En general, las enfermedades infecciosas en los niños son de causa viral, usualmente duran entre tres y siete días. Su curso clínico puede considerarse banal y generalmente son ¨autolimitadas¨; es decir, el organismo logra controlarlas y resolverlas espontáneamente.

No obstante, durante el proceso de estas enfermedades pueden ocurrir complicaciones, y aparecer estados severos que comprometen la evolución del niño.

Es esta la razón que justifica que recomendemos como la conducta más adecuada la consulta con el médico ante la aparición de los primeros síntomas de enfermedad infecciosa, para que sea el profesional quien evalúe el diagnóstico y tratamiento oportuno.

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