Con la pediatría de una provincia sobre los hombros

Desde la ventana de su oficina en la Dirección Provincial de Salud, el doctor Yandry Alfonso Chang observa el ir y venir de Santa Clara.

Su mirada, acostumbrada a descifrar lo imperceptible en una radiografía o en el llanto de un recién nacido, parece medir ahora el pulso de toda Villa Clara.

A sus 40 años, este hombre de andar calmado y sonrisa franca carga sobre sus hombros la delicada responsabilidad de custodiar los primeros pasos, los primeros latidos, el futuro mismo de esta tierra.

 

Fue durante años el jefe del Programa Materno Infantil y hoy, sin descuidar su pasión por la pediatría, se desempaña como director de Asistencia Médica y Medicamentos en el territorio.

No es un burócrata detrás de un escritorio, es antes que nada, el pediatra que emergió de los cañaverales de Cifuentes, el hijo de familia obrera que fungió de jefe del colectivo pioneril, monitor de Biología y Química, que encontró en la Medicina un lenguaje para su vocación de servicio.

Su historia es un catálogo de esfuerzo y excelencia: Título de Oro en la graduación, especialidad en Pediatría y otra en Administración de Salud, también con las máximas calificaciones, y profesor auxiliar, investigador agregado de la local Universidad de Ciencias Médicas.

   Pero los pergaminos, que llenarían varias paredes, solo cuentan una parte. La esencia de Yandry se revela en los gestos.

   En la urgencia con que, durante la pandemia, participó como parte del primer estudio cardiovascular en Cuba en niños convalecientes de COVID-19, una investigación premiada por el Ministerio de Ciencia, Tecnología y Medio Ambiente; en la convicción con la que asumió, siendo aún muy joven, la dirección del Hospital Pediátrico José Luis Miranda; en la humildad con la que recibió la Farola de su Cifuentes natal como Hijo Ilustre, o el Sello al Humanismo y la Solidaridad.

 Su viaje a China en 2023, para un entrenamiento en salud materno-infantil, no fue de placer, sino una misión de Estado. Representó a Cuba con la misma dignidad con la que, años antes, ejerció como médico internacionalista en los llanos de Apure, Venezuela.

 Hoy, desde su cargo, su batalla es distinta pero igualmente vital. Coordina, diseña estrategias, busca respuestas donde a veces escasean los recursos.

 Resulta el arquitecto de un plan que a su vez debe proteger a las embarazadas y a los niños de toda una provincia.

   Su herramienta no constituye solo el estetoscopio, sino también la gestión inteligente, la investigación aplicada y una sensibilidad a flor de piel, inherente al contraste entre la delicadeza y la firmeza de su personalidad, que lo ha hecho merecedor de condecoraciones como la Orden Jesús Menéndez y la Medalla Manuel Piti Fajardo, esta última recibida de forma excepcional en 2025.

   La disciplina que hoy lo caracteriza se forjó temprano. En su servicio militar activo diferido, en 2003, su talento lo llevó a impartir clases de Historia a reclusos. Ahí obtuvo la categoría de “muy bien” como profesor, un presagio de su futura vocación docente.

   En los años como universitario, su brillantez le valió ser seleccionado para el Movimiento Mario Muñoz Monroy y, decisivamente, para realizar su internado en la República Bolivariana de Venezuela.

   Allí, en Apure, fue, además, secretario general de la Unión de Jóvenes Comunistas, demostrando una precocidad política y organizativa que marcaría su trayectoria. Regresó a Cuba con el título de oro y con el Premio al Mérito Científico, y el corazón agrandado por la experiencia internacionalista.

   Deviene su currículum de investigaciones una hoja de ruta de las preocupaciones de la pediatría villaclareña. Ha indagado desde las determinantes sociales de la mortalidad infantil –un trabajo que obtuvo premio destacado en el Fórum de Ciencia y Técnica– hasta la caracterización de la infección por “Toxoplasma gondii” en niños, o los factores de la sepsis grave.

   Cada publicación, cada ponencia en congresos nacionales e internacionales, desde el de Pediatría en La Habana hasta talleres sobre zoonosis en Topes de Collantes, no son un mero ejercicio académico es la búsqueda obstinada de datos que permitan salvar vidas, prevenir, anticiparse.

   Como tutor, ha guiado a nuevas generaciones, transmitiendo ese rigor. Su labor en tribunales de examen y como profesor de postgrado –sobre enfermedad diarreica, sepsis o administración en salud– completa el círculo, pues el conocimiento que atesora debe fluir hacia los demás.

   Su ascenso en la estructura de dirección de Salud Pública fue orgánico, marcado por la competencia. Tras ser jefe de servicios de Gastroenterología, asumió la Subdirección de Asistencia Médica en el hospital pediátrico y, por designación de la comisión de cuadros, llegó a dirigir la institución con solo unos años de graduado.

   Esa experiencia en primera línea hospitalaria devino su mayor credencial para dirigir el Programa Materno Infantil a nivel provincial desde 2020. Allí impulsó con singular empeño proyectos como el observatorio para la vigilancia de la gestación y ha sido un pilar en los talleres nacionales para el fortalecimiento metodológico del PAMI.

   Su reciente culminación, como mejor graduado, del Diplomado en Administración Pública y Empresarial en la Universidad Central Marta Abreu de Las Villas, demuestra su convicción de que para curar a una provincia se necesitan tanto medicamentos como una gerencia eficiente y moderna.

   Colegas y superiores al hablar de Yandry, destacan una rara combinación: la frialdad analítica del administrador y la calidez humana del pediatra. Es un científico que publica en revistas especializadas sobre sepsis o toxoplasmosis, pero también resulta el líder que impulsa el movimiento de las Manos Solidarias en el sector.

   Al final del día, cuando abandona su despacho de Asistencia Médica y Medicamentos en la Avenida de la Liberación, en Santa Clara, Yandry Alfonso Chang deja de ser el director para volver a ser, simplemente, el galeno conocedor de que cada número en una estadística de mortalidad infantil tiene un nombre, un rostro, una historia que comenzó, como la suya, en algún rincón de Villa Clara.

   Y esa conciencia, de todavía querer llevar la pediatría de Villa Clara sobre los hombros, más que cualquier medalla, es el motor imparable de este hombre que ha decidido dedicar su vida a que otros puedan comenzar la suya con salud.

   Un hombre que, desde la inocencia de aquel niño monitor en Cifuentes hasta el cuadro vanguardia en 2025 condecorado por el Consejo de Estado, mantiene intacto un principio: la entrega silenciosa y total constituye la mayor expresión de sensibilidad.

Y. Crecencio Galañena León | Agencia Cubana de Noticias

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