Cuando la medicina cubana se une a la sonrisa de una guerrera

El mes de abril de 1993 se tornó muy difícil para María Eugenia Azcuy Rodríguez, a quienes todos, cariñosamente, llamamos Maruly. Con 36 años y en el contexto de adenopatías múltiples, a ambos lados del cuello, regiones supraclaviculares, mediastino y abdomen, además de otras manifestaciones clínicas, se le diagnosticó, a esta joven madre de dos hijos, Camila y Adrián, por el equipo de Hematología del Hospital Clínico Quirúrgico “Hermanos Ameijeiras”, linfoma de Hodgkin, variante esclerosis nodular, estadio III-A.

El tratamiento no se hizo esperar y recibió varios ciclos de quimioterapia y radioterapia e Interferón por presentar afectación hepática durante la evolución, comenta el doctor José Luis Aparicio Suárez, especialista de primer y segundo grados en Hematología, y en aquel entonces, parte del colectivo médico que la atendió, e integrante del primer grupo de graduados de excepcional rendimiento en Cuba, que luego se convirtió en Movimiento de Vanguardia “Mario Muñoz Monroy”.
Bien recuerda esa etapa y posteriormente, cómo, para beneplácito de todos, con mucha entrega y consagración de nuestros galenos –explica– se lograron los resultados esperados, o sea la respuesta completa, permaneciendo sin evidencias de enfermedad hasta el año 2024.
Más de tres décadas después, continúa narrando, al diagnóstico de la enfermedad de Hodgkin, se le une el de una segunda enfermedad maligna.
«Recuerdo perfectamente cuando el esposo de Maruly, el conocido profesor, escritor y humorista Antonio Berazaín Iturralde, me localizó en el Ministerio de Salud Pública, para valorar su estado de salud, ante determinados síntomas digestivos que ella presentaba y teniendo en cuenta el antecedente de linfoma. Siguiendo la aplicación del método clínico, luego de una anamnesis detallada y un examen físico exhaustivo, coordinamos las consultas multidisciplinarias e investigaciones necesarias, estableciéndose el diagnóstico: un adenocarcinoma de colón moderadamente diferenciado, ulcero-vegetante, con necrosis, hemorragia e infiltrado inflamatorio peritumoral», refiere, a la vez que nos explica que en esta ocasión, los estudios se realizaron en los Institutos de Gastroenterología y Hematología e Inmunología, además del Hospital Hermanos Ameijeiras, donde transcurrió el tratamiento y donde actualmente, tiene seguimiento periódico en el servicio de Oncología.
«Sin dudas, fue una información abrumadora para María Eugenia -asegura- que sintió sobre ella una montaña de emociones, justificado temor e incredulidad. Sin embargo, la tristeza no se acompañó de frustración ni desesperanza, y nuestros profesionales médicos estuvieron allí, junto a ella, en largas jornadas de desvelo y entrega, donde se le ofreció no solo cuidados integrales, sino también toda la información sobre las posibilidades terapéuticas».
Una historia de mucha entrega protagonizada por un consagrado equipo de especialistas, residentes, enfermeras y técnicos, de conjunto con su familia, que unidos han logrado que vuelva a su vida como escritora y como miembro de la Junta Nacional de la Sociedad Cultural José Martí y de la Unión Nacional de Escritores y Artistas de Cuba (Uneac).
Emocionado, el doctor José Luis Aparicio Suárez, también profesor Auxiliar de la Universidad de Ciencias Médicas de La Habana y actual Director Nacional de Posgrado del Minsap, comenta que: «tanto al enfrentar los problemas de salud de hace más de 30 años contra el linfoma, y en fecha reciente, ante el adenocarcinoma, en esta cubana siempre ha prevalecido su determinación para salir adelante y vencer, con la esperanza de seguir disfrutando del amor y el crecimiento de sus hijos Camila y del popular cantautor Adrián Berazaín».

Maruly, al decir de la canción de su hijo trovador, está “por encima de lo conocido” en cuanto a la voluntad de vencer enfermedades; es una auténtica guerrera por la vida y un logro de nuestro sistema nacional de Salud en la Mayor de las Antillas.