En Cuba entendemos de amor

Sierra Leona: Médicos cubanos dispuestos a combatir el ébola en la costa occidental de África.

Cuenta la periodista cubana, Maribel Acosta, que llegaron a La Habana el 29 de marzo de 1990 a las 8 y 46 de la noche en un vuelo de Aeroflot. “El propio Fidel los recibió en la escalerilla del avión y ya estaban preparados los hospitales pediátricos Juan Manuel Márquez, William Soler y el Instituto de Hematología para recibirlos”. Eran 139 niños a bordo del primer vuelo que llegaría a Cuba. Eran los niños de Chernóbil.

Cuentan también que “algunos años después de la explosión del cuarto reactor de la Central electronuclear de Chernóbil, la entonces URSS solicitaba al mundo auxilio para atenuar la huella de la explosión nuclear en su población, fundamentalmente infantil. Cuba mostró su disposición inmediata. Sin embargo, no fue así en muchos países del mundo desarrollado, cuya ayuda fue generalmente exigua comparada con la demanda y urgencia de la catástrofe”.

El programa de atención a los niños afectados por el accidente nuclear en Chernóbil y los resultados que de esta acción humanitaria devinieron ponen muy alto el nombre de Cuba. Hablan muy bien de aquello que se haya en el interior algunos hombres. Entienden de amor no de odio.

Aunque siempre que se hable de los niños de Chernóbil los rostros se cuadran y una mezcla de dolor con alegría puede divisarse en la voz que se rasga. No porque fuese el primero, ni último de las encomiendas humanitaria que asumiera la Isla, sino porque lo que en Tarará se vivió fue algo de otro mundo.

Pasarían algunos años y “en 2005 una nueva página comenzó a escribirse con la creación, por Fidel, del Contingente Internacional de Médicos Especializados en Situaciones de Desastres y Graves Epidemias “Henry Reeve”. La creciente vulnerabilidad de las sociedades a este tipo de situaciones y la utilidad de las brigadas cubanas en su manejo, una vez más, han demostrado la proyección del pensamiento estratégico del líder de la Revolución Cubana”.

Y en esta historia que todavía no termina, sobresalen entonces las calurosas noches de Sierra Leona donde profesionales cubanos se reponían ante el miedo para combatir el ébola en la costa occidental de África o aquel sábado 16 de abril de 2016, el día del terremoto de 7,8 grados que cambió la geografía y el espíritu de Ecuador.

Por eso cuando el mundo celebra cada 19 de agosto el Día Mundial de la Asistencia Humanitaria, para rendir tributo a los trabajadores que arriesgan sus vidas llevando ayuda humanitaria a otros, así como apoyar a las personas afectadas por las crisis en todo el mundo, la Patria se harta de orgullo y sabe que sus hijos han sabido llevar esta condición.

Según divulgó recientemente el periódico Granma, desde 1963 hasta la actualidad, 407 000 profesionales de la salud han estado presentes en 164 países de todos los continentes. Más adelante se enfatiza que en la actualidad se encuentran más de 29 000 en 66 naciones, cifra que confirmara el ministro de Salud Pública, doctor José Angel Portal Miranda, al intervenir en la 72 Asamblea Mundial de la Salud, que se desarrolló en Ginebra, Suiza, en mayo de este año.

Se dio a conocer además que en las universidades cubanas se han formado más de 35 000 profesionales de 136 países y en estos momentos estudian 8 478 de 121 naciones. Ello a su vez representa un saldo positivo para la vida de millones de personas en decenas de miles de comunidades de África, Asia y América Latina y el Caribe, resaltó entonces Portal Miranda.

El titular de Salud cubano enfatizó en que estos logros han sido posibles a pesar del injusto y cruel bloqueo económico, comercial y financiero impuesto por el gobierno de Estados Unidos hace casi 60 años, recrudecido actualmente y que constituye el principal obstáculo para el desarrollo del país.

A pesar de los estorbos –dijo el titular- “Cuba ratifica el compromiso de compartir sus experiencias en el desarrollo de la atención primaria de Salud, poniendo a la disposición de la Organización Mundial de la Salud y sus Estados miembros, los programas de cooperación, las universidades médicas para la formación de profesionales y técnicos, los productos de la industria médico-farmacéutica y biotecnológica, como forma de contribución al alcance de la cobertura sanitaria universal para todos”.

En los primeros días de agosto, medios de prensa publicaban titulares que relacionaban a la Agencia de Estados Unidos para el Desarrollo Internacional (Usaid) con una recompensa de hasta tres millones de dólares a organizaciones, dentro y fuera de Cuba, para perseguir, ellos dicen que “investigar, recopilar y analizar información relacionada con violaciones de derechos humanos, incluido el trabajo forzoso, del personal médico cubano exportado al extranjero”.

Pasó muy poco tiempo para que desde la prensa nacional cubana se expusiera que “la cacería que pretende desatar la Usaid contra las misiones médicas cubanas en el exterior y contra los servicios de salud en la Isla sigue la ruta trazada por el Departamento de Estado de EE. UU. el 20 de junio para agregar a Cuba a su espuria lista negra de países que permiten la trata de personas. ¿En qué lista se ubicaría entonces a un país que persigue a otro por salvar vidas?

“EE.UU. no tiene autoridad, ni moral, recurre sistemáticamente a la mentira y la calumnia. La colaboración médica cubana es un ejemplo de solidaridad, humanidad y cooperación noble y legítima entre los países del Sur”, enfatizó el presidente de los Consejos de Estado y de Ministros, Miguel Díaz-Canel Bermudez.

Otro capítulo de la serie de agresiones que se orquesta desde el norte para desacreditar la moral de los colaboradores cubanos, y por consiguiente distorsionar la realidad detrás de la ayuda solidaria que brinda Cuba en diferentes lugares del mundo.

Lo cierto es que esta pequeña porción de tierra ubicada en el Mar Caribe está consciente de la grandeza que calzan sus hombres. En Cuba entendemos de solidaridad, no de despojos. No obstante, no le corresponde a esta nación convocar a la verdad, cuando se conoce sobradamente. Estamos seguros que contaremos además con el argumento de las organizaciones y países beneficiados de aquello que Cuba da, y que no es precisamente aquello que le sobra.

Tomado de: Cubahora

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