Todavía hay que creer en susurros de esperanza

Cada vez que la “cosa” se pone peor por culpa del gobierno de turno de Estados Unidos no puedo evitar pensar en Leyttis, cuya imagen delgada con pelo enmarañado y una traqueotomía permanente en su cuello, me acompaña siempre y constituye denuncia constante contra las políticas genocidas contra Cuba.

Leittys no pudo nunca, desde los casi tres años de edad, vivir como una niña común, estuvo hasta los 19 conectada cada noche a un ventilador mecánico para respirar.

 Aquellos brazos que siempre intentaban levantarse, pero que el Síndrome de Guillain Barre en su forma atípica (entiéndase un proceso viral que toma el sistema periférico y menoscaba los músculos respiratorios) le provocó múltiples complicaciones, se me aparecen en sueños y se convierten en pesadillas. 

 Leyttis fue un logro incuestionable de la medicina cubana, vivió mucho más de lo que pronosticaron especialistas y científicos, pero cerró los ojos sin alcanzar aquella cirugía y la colocación de un marcapasos diafragmático que contribuirían a mejorar su estado, porque esa tecnología de punta no estaba al alcance en Cuba, debido a que todos los componentes se generan en EE.UU.

 ¿Cuántos niños o niñas como ella sufren hoy las carencias que imponen las hostiles políticas del gobierno de Washington? 

¿Cuántos esperan por un medicamento, por un aditamento o una cirugía y el sueño lo ven trunco? 

La reciente orden ejecutiva firmada por Trump, bajo pretextos y mentiras, agudiza la actual situación al impedir que lleguen combustibles a la Isla, sufrirán las consecuencias tanto los pequeños que esperan en una sala oncológica de un hospital, como los que viven sanos, van a la escuela y sueñan con crecer felices.

Muchas voces se alzan hoy en el mundo para denunciar el genocidio que Trump y su camarilla pretenden imponer para rendir a los cubanos en contra de todas las normas del derecho humanitario e internacional.

Los que desde el otro lado vociferan y aplauden sin pensar que en Cuba sus familiares, vecinos y amigos pueden sufrir y mucho, que recuerden los actos de terrorismo que desde Estados Unidos dejaron luto en muchos hogares. Nadie escapará de las consecuencias del nuevo capricho de Trump para ahogar a Cuba.

Que crezcan y vivan en paz los infantes, no merecen la maldad de un imperio. Evoco a Leyttis cuando, en un susurro de esperanza, invitaba a jugar con sus muñecas.

Bárbara Vasallo Vasallo/Agencia Cubana de Noticias

Ilustración de José Luis

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