La vida ¿en una tapa de botella?

Pocas veces una piensa en qué cosas o momentos pondrían en riesgo su existencia, y menos probable resulta relacionarlos con el más insignificante detalle o descuido.

La paradoja está ahí, en esa «confianza» adherida al ADN del vivir, que nos lleva a no sentir preocupación de esos peligros que conocemos, pero que constantemente subestimamos. Falta de percepción de riesgo, le llaman los expertos.

Y toda esta autorreflexión, que aspira a ser compartida, tiene detrás, otra vez, al mosquito del género Aedes, especialmente a ese que se apellida aegypti y es el causante de numerosas arbovirosis (enfermedades transmitidas por estos zancudos).

Dengue, zika, chikungunya, fiebre amarilla son quizá los rostros más visibles de estos «patirrayados» y de algunos de los problemas más graves de salud a los que el mundo ha tenido que enfrentarse en las últimas décadas.

Ampliamente presentes en las regiones tropicales y subtropicales del planeta, tanto el Aedes aegypti, como el albopictus, representan una grave amenaza para la estabilidad epidemiológica de la región, un contexto al que nuestro país no escapa.

Si bien en las recientes jornadas de trabajo en comisiones del Parlamento cubano se informó que la situación epidemiológica de la Isla se mantiene favorable, no pueden descuidarse los riesgos existentes; fundamentalmente en lo referente a las arbovirosis, alertó el doctor Francisco Durán, director Nacional de Epidemiología del Ministerio de Salud Pública (MINSAP).

CONCIENCIA ES SEGURIDAD

En el escenario actual del país mantener la estabilidad epidemiológica es imprescindible, afirmó el doctor José Ángel Portal Miranda, diputado, miembro del Comité Central del Partido y ministro de Salud Pública.

Ello, reflexionó, es fundamental, en primera instancia por la salud del pueblo, pero también por lo que representan las epidemias en el orden económico, ya que acarrean importantes gastos, y porque es un tema de seguridad nacional.

Los datos ilustran un trabajo sostenido de años, pero no eximen del peligro en un mundo sacudido por las consecuencias del cambio climático y donde cada vez se incrementa más el movimiento de personas entre un punto y otro del orbe. El país no presenta en lo que ha transcurrido de 2019 transmisión de zika y desde hace dos años no reporta transmisión de chikungunya, explicó el doctor Durán.

En cuanto al virus del dengue, hay tres provincias que son las de mayor alto riesgo de transmisión en estos momentos en el territorio nacional: Pinar del Río, Sancti Spíritus y Holguín, teniendo la situación más compleja esta última, para lo cual se han implementado un conjunto de medidas intensivas dirigidas a abordar los brotes epidémicos que en estos momentos se presentan.

Asimismo, comentó que se desarrolla una etapa intensiva en 37 municipios del país, dado que se avecina el periodo de intensas lluvias y donde aumentan las temperaturas, que son aquellos territorios que de modo general tributan a los índices de focalidad.

El índice vectorial en la Mayor de las Antillas, al concluir el ciclo de marzo, fue de 0,41. Los valores más elevados en este sentido los acumulan las provincias de Holguín, Santiago de Cuba, Pinar del Río, Camagüey y Sancti Spíritus, trascendió en la Asamblea.
Téngase en cuenta que el índice del Aedes por encima de 0,05 por cada cien viviendas incrementa la probabilidad de transmitir enfermedades por este vector.

De acuerdo con el doctor Durán, los depósitos para almacenar agua aportan el 73 % de la focalidad y se reiteran el 38 % de las manzanas que han sido positivas. Una traducción de todo lo anterior quizá sería decir que la focalidad del Aedes se encuentra actualmente por encima de la media histórica.

Entre las condiciones que inciden en la situación actual, las autoridades de salud mencionaron la inadecuada calidad técnica del trabajo antivectorial, el no completamiento de las plantillas de operarios y de las cadenas de dirección, la falta de fiscalización y control a nivel de la base, las insuficiencias en la recogida y disposición final de los residuales sólidos con la proliferación de microvertederos, y la participación no sistemática de la población en la transformación de estos riesgos a partir de su baja percepción de enfermar.

Para el doctor Roberto Morales Ojeda, miembro del Buró Político del Partido y vicepresidente de los Consejos de Estado y de Ministros, sin la participación del pueblo y el trabajo intersectorial, hacer frente con eficiencia definitiva a las arbovirosis no es posible. Hay que comprender que es una responsabilidad de todos, dijo.

Asimismo, llamó la atención sobre la necesidad de perfeccionar el trabajo de la campaña antivectorial, que debe ser minucioso para evitar luego tener tantas manzanas positivas con presencia del vector. «Tenemos que despojarnos del fraude y la mentira en el reporte de las casas visitadas o fumigadas y ello es responsabilidad de los operarios, pero también de la familia», dijo.

La población debe acudir ante cualquier síntoma al médico y cumplir con las orientaciones del facultativo, señaló Morales Ojeda.

No es momento de confiarnos, insistió el titular de Salud, quien ratificó que los recursos para la campaña antivectorial están asegurados.

Muchas son las medidas adoptadas, que incluyen el fortalecimiento de la capacidad diagnóstica del país en el laboratorio de referencia del IPK, con la consolidación del trabajo de dos laboratorios de biología molecular en las provincias de La Habana y Santiago de Cuba, y la apertura de un tercer laboratorio en Villa Clara, permitiendo descentralizar el diagnóstico por regiones.

Pero hay un recurso que no depende de dinero y sí de conciencia y educación. Parecería trillado repetir otra vez que los recipientes deben estar tapados y los patios limpios, porque dondequiera que haya agua habrá criaderos, incluso en la pequeña tapa de una botella.

Parecería que estamos seguros porque desde el año 1909 no existe en Cuba fiebre amarilla –virus que tiene una letalidad de entre el 35 y el 40 %, es decir, que de cada cien personas que la contraen, entre 35 y 40 fallecen por la gravedad del cuadro–, pero confiarnos sería un error.

Olvidamos a veces que todas las guerras han tenido más víctimas por infecciones que por combates, transmitidas en muchos casos por el indeseable artrópodo.

Y por más conjeturas que hagamos, el único modo de disminuir los riesgos de enfrentarnos a enfermedades que –vale aclararlo– pueden llegar a matar, como el dengue, es sacarlo de la casa.

PRECISIONES

Derribar mitos que existen respecto a este mosquito es fundamental. Compartimos un estudio realizado por la Unidad Nacional de Promoción de Salud y Prevención de Enfermedades del Ministerio de Salud Pública que comprobó creencias al respecto que persisten en la población cubana de 20 años y más.

Tomado de: Granma

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