Todavía hay que creer en susurros de esperanza
Cada vez que la “cosa” se pone peor por culpa del gobierno de turno de Estados Unidos no puedo evitar pensar en Leyttis, cuya imagen delgada con pelo enmarañado y una traqueotomía permanente en su cuello, me acompaña siempre y constituye denuncia constante contra las políticas genocidas contra Cuba.
Leittys no pudo nunca, desde los casi tres años de edad, vivir como una niña común, estuvo hasta los 19 conectada cada noche a un ventilador mecánico para respirar.






